El dibujo
sirve como una herramienta para la representación de objetos reales o
ideas que, a veces, no es posible expresar fielmente con palabras. Los
primeros dibujos conocidos se remontan a la prehistoria; las pinturas
rupestres de la cueva de Altamira son unos de los ejemplos más antiguos,
donde el ser humano plasmó en los techos y paredes de las cavernas lo
que consideraba importante transmitir o expresar (usualmente actividades
relacionadas con su forma de vida y su entorno).
De las
primeras civilizaciones perduran escasos ejemplares de dibujos,
normalmente, por la fragilidad del material en el que fueron ejecutados
(se han hallado en ostraca y pinturas murales inacabadas), o porque eran
un medio para elaborar pinturas posteriormente, siendo recubiertos con
capas de color. Las culturas de la Antigua China, Mesopotamia, el valle
del Indo, o el Antiguo Egipto nos han dejado muestras claras de ello,
ideando los primeros cánones de proporciones, como sucedió también en
la Antigua Grecia y Roma.
En la Edad
Media se utilizó profusamente el dibujo, generalmente coloreado, para
representar sobre pergaminos temas religiosos a modo de explicación o
alegoría de las historias escritas, privando así lo simbólico sobre lo
realista, incluso las proporciones y cánones de la época. La cultura
islámica también contribuyó con preciosos dibujos que solían acompañar
textos de anatomía, astronomía o astrología.
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